martes 21 mayo 2019

EL TARLÀ

Ahora que se acercan las fiestas de primavera de la Rambla, justo antes de Sant Jordi, llega el día de colgar el Tarlà, un muñeco con vestimenta de colores y cascabeles, que cogido a una barra colocada de lado a lado de la calle de l’Argenteria, hace piruetas en hacer rodar la manivela que hay en uno de los balcones.

Cuenta la leyenda que, en una época en que la peste era uno de los grandes temores de la gente, hubo un brote que afectó a los habitantes de la calle l’Argenteria y que el gobierno de la ciudad no dudó en cerrar la calle a ambos lados para evitar el contagio. La gente medio enferma, triste y aburrida vio, un buen día, como un chico vestido como una especie de arlequín, saltaba de balcón en balcón y hacía piruetas por la calle, que provocaban las risas de grandes y pequeños. Era el Tarlà, unos dicen que venía de Francia y otros que era un vecino de la misma calle que se disfrazaba cada día, hasta terminar la cuarentena. Sea como sea y en agradecimiento a quien consiguió que aquellos días fueran menos duros, la ciudad de Girona le dedicó un muñeco que, antes de colgarlo, paseaban con una carretilla. Una vez se les cayó y se le rompió la nariz y durante un tiempo la llamaron el chato hasta que hicieron uno nuevo, que también pasean acompañado de músicos y cabezudos.

Texto, Margarita Alburnà Marco

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